Los cálculos renales pueden verse como pequeñas piedras o fragmentos sólidos que varían en tamaño, color y textura, dependiendo de su composición. Generalmente, los cálculos de oxalato de calcio son los más comunes y se caracterizan por su color marrón oscuro o negro y una superficie rugosa o afilada, lo que puede hacer que su expulsión sea más dolorosa. Los cálculos de ácido úrico, en cambio, suelen ser más lisos, con tonalidades amarillentas o marrón rojizo, y pueden eliminarse con menor irritación. Los cálculos de estruvita son más grandes, con formas irregulares y un color blanquecino o grisáceo, mientras que los de cistina tienen una apariencia cristalina y un tono amarillento. Si expulsas un cálculo, puede ser útil recolectarlo y llevarlo al urólogo para su análisis, ya que conocer su composición permite diseñar estrategias para prevenir su reaparición.